Secuestradas y desaparecidas

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Han pasado más de cuatro años de impunidad y de injusticia desde aquel abril del 2018. En todo este tiempo son muchas las mujeres y hombres llevados a las cárceles, solo por pensar diferente y desear una Nicaragua con verdadera democracia. Hasta agosto de 2022 se conocen más de 200 casos de personas presas políticas, muchas de ellas han sufrido tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes.

“Los penales son verdaderos centros de torturas tanto los sistemas penitenciarios, que son celdas en donde son trasladadas como formas de amenazas, porque también hay resistencias en las cárceles de Nicaragua, los presos y las presas hacen resistencias dentro las cárceles, construyen redes políticas, construyen redes de solidaridad…construyen redes que sostienen la vida adentro”, señala Ana Lucía Álvarez, hermana de la presa política Tamara Dávila.

El podcast “Secuestradas y desaparecidas”, de la Campaña sobre memoria histórica del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, ahonda sobre los atropellos y las violaciones de derechos humanos contra las personas presas políticas, en particular de las mujeres encarceladas arbitraria e injustamente. La campaña tiene el objetivo de “sensibilizar a la población sobre la importancia de la verdad en los procesos de memoria histórica”.

Para Sherly Sánchez, hija de la activista María Esperanza Sánchez, quien fue condenada a 10 años de prisión y una multa de 31 mil córdobas, estos años de encarcelamiento de su mamá han sido duros, sobre todo porque ella padece de enfermedades crónicas.

“Seguimos demandando y exigiendo libertad, para ella y todas las presas políticas y los presos políticos, hay miles de exiliados, cientos de personas muertas, están pisoteando la libertad de los presos, están pisoteando la libertad de nosotros los nicaragüenses… están pisoteando a los exiliados”, denuncia Sherly.

De las más de 200 personas presas políticas en Nicaragua, 14 son mujeres, como María Esperanza o Tamara Dávila, de ellas cinco son personas de la tercera edad y sufren de enfermedades crónicas que no son atendidas.

Sus familiares han denunciado violaciones a sus derechos como personas privadas de libertad, pese a estar condenadas siguen los interrogatorios, la mala alimentación, los castigos y aislamientos, no les entregan la paquetería ni reciben visitas de sus hijos e hijas como la ley manda, entre otros atropellos.

Pese a todo esto los familiares cuentan que ellos y ellas siguen resistiendo, haciendo huelgas de hambre, reclamando su libertad y derechos, son hombres y mujeres más valientes y por eso hay que seguir exigiendo que los liberen porque son inocentes.

Conozca más en el podcast: Secuestradas y desaparecidas

¡Olvido nunca más! ¡No hay verdad sin justicia ni memoria sin verdad!

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